la nieve, por el hielo. Preguntad
por la vida -yo la cogí por estos precipicios-
y nadie sabrá que responderos.
Es tan sólo la roca, lo repito,
lo que señala el valle y la vaguada.
El pueblo, monótono, se aburre,
se emborracha. No existe el horizonte. La roca,
esa mano de Dios petrificada, es la única señal
que al hombre aguarda.
Ending of the poem Canfranc
José Antonio Labordeta