Déjame, Muerte, que llore
pues los padres trabajaron
unos campos de Aragón,
hoy, eriales solitarios;
déjame que los recuerde
y espere verlos un año,
campos fragantes de lluvia,
trigo, cebada y cilantro,
una tierra que fue cielo,
y hoy, paraíso olvidado,
nada más que un dios sin fieles
al que nadie va a adorarlo.
pues los padres trabajaron
unos campos de Aragón,
hoy, eriales solitarios;
déjame que los recuerde
y espere verlos un año,
campos fragantes de lluvia,
trigo, cebada y cilantro,
una tierra que fue cielo,
y hoy, paraíso olvidado,
nada más que un dios sin fieles
al que nadie va a adorarlo.
Poem by José Luis Gracia Mosteo